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Movilización del Elector: El verdadero desafío de la campaña



Por Sheyla Dallmeier

Las campañas políticas contemporáneas destinan una gran parte de sus recursos, humanos y económicos, en la creación de un personaje creíble y atractivo, con un discurso consistente y calculado que represente las ilusiones y los anhelos de los electores. Las consideraciones estéticas y comunicacionales ocupan la mayor parte de la agenda del equipo de campaña, todos piensan que una campaña se gana en la eterna discusión sobre un adjetivo en un texto de redes sociales o sobre la camisa que lucirá el candidato en las fotografías.

Hoy, por estar pensado en las redes sociales y su indudable función como difusor del mensaje, pocos piensan en las redes humanas integradas por ciudadanos reales que si los “enamoran” votan y eligen. Pensar que una campaña es solo un asunto de discurso, imagen y publicidad, es pensar en media campaña, o menos.

El verdadero desafío tiene que ver con la capacidad de contactar a los electores, convencerlos, fidelizarlos y lograr su voto efectivo. Solo así una campaña cobra verdadero sentido y deja de ser un juego de azar. En algunos lugares la estrategia de movilización es entendida como la simple logística de transporte durante el día electoral. Es decir quien contrata buses, taxis y motos resulta siendo el “estratega” que en teoría garantiza la consecución del voto de una masa critica de electores vitales para el triunfo. La movilización no es transportar electores, la movilización es cautivar a los electores para que ellos mismos se movilicen, con ayuda o sin ella y voten masivamente, convencidos y puntuales.

Entendemos la movilización electoral, como el proceso de conquista del ciudadano para convertirlo en un elector de nuestra opción electoral. Esta acción se concreta en el voto efectivo, pero de ninguna manera se limita solo a ese hecho. Por el contrario, el proceso de movilización debe comenzar desde el día cero de la campaña, determinando mediante la estrategia política, donde están los votos a conquistar y cuántos votos se requieren para obtener la victoria.

En función de la meta electoral, debe organizarse la estructura en tierra que permita cumplir el objetivo trazado. Hay diversos modelos y el que se escoja se debe adaptar a las características propias de la idiosincrasia de la campaña y zona geográfica donde se desarrolle la misma. En esto radica el alma y corazón de una campaña, en poder establecer un mecanismo efectivo y eficaz de contacto directo que enamore al elector, lo fidelice y finalmente lo movilice a las urnas.

En todos nuestros seminarios, siempre tomamos el ejemplo de Coca Cola, al mostrar un comercial o afiche de la bebida de cola burbujeante y con mucho hielo, independientemente el idioma en que se