El chavismo no desaparece con Maduro. La libertad no llega esposada en un avión
- Leonardo Gil
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Por: Leonardo Gil, Director de ICP RepĆŗblica Dominicana
08 de Enero de 2026
La madrugada de este fin de semana marcó un quiebre histórico para Venezuela y para toda AmĆ©rica Latina. La operación ejecutada por los Estados Unidos, que culminó con la captura de NicolĆ”s Maduro, pone fin al menos en los hechos a un ciclo polĆtico que durante aƱos degeneró en autoritarismo, colapso institucional y empobrecimiento masivo.
Que un dictador caiga es un acto de justicia histórica, pero la libertad no llega esposada en un avión. Para el pueblo venezolano, lo que sigue no es el final de una pesadilla, sino el inicio de la tarea mĆ”s difĆcil: reconstruir un paĆs roto sin repetir los errores que lo llevaron hasta ahĆ. El chavismo no desaparece con Maduro.
Un error comĆŗn es creer que el problema venezolano termina con una persona. Maduro es el rostro, pero detrĆ”s existe: Una Ć©lite económica-polĆtica-militar, redes de corrupción y economĆas ilĆcitas, aparatos de control social e inteligencia. Sin desmontar esa estructura, el sistema puede reciclarse con otro nombre.
Para muchos venezolanos, dentro y fuera del paĆs, el sentimiento inicial es comprensible: alivio. Maduro simbolizaba un poder cerrado, sin alternancia, sostenido por la represión, el miedo y una Ć©lite polĆtico-militar desconectada de la realidad social. Su salida forzada puede leerse como un acto de justicia largamente esperada.
Sin embargo, la pregunta verdaderamente importante no es qué pasó esta madrugada, sino qué empieza ahora.
La historia reciente demuestra que la caĆda de un dictador no equivale automĆ”ticamente al nacimiento de una democracia. El problema venezolano nunca fue solo una persona, sino un sistema completo: instituciones vaciadas, fuerzas armadas politizadas, economĆa capturada y una sociedad exhausta tras aƱos de crisis, migración y frustración.
La intervención de una potencia extranjera introduce, ademĆ”s, un dilema incómodo. Aunque muchos celebren el resultado, el mĆ©todo deja un precedente complejo: Āæpuede construirse legitimidad democrĆ”tica desde una operación militar externa? ĀæPuede la justicia imponerse sin el acompaƱamiento de un proceso polĆtico interno sólido?
AquĆ aparece el riesgo mayor: el dĆa despuĆ©s. Un vacĆo de poder mal gestionado puede derivar en fragmentación, continuidad del sistema con otro rostro o una tutela prolongada. Ninguno de esos escenarios responde al anhelo profundo del pueblo venezolano, que no pide salvadores, sino normalidad.
La experiencia internacional enseƱa que las transiciones exitosas requieren liderazgo civil legĆtimo, acuerdos amplios y reglas claras. Sin eso, la euforia inicial se convierte rĆ”pidamente en decepción.
Tampoco debe confundirse justicia con venganza. Venezuela necesitarÔ verdad, reparación y responsabilidad, pero también reconciliación. Las democracias no se fundan sobre el resentimiento, sino sobre instituciones que funcionen incluso cuando gobiernan los adversarios.
En este punto, el rol de Estados Unidos serĆ” decisivo. No por su capacidad militar, ya demostrada, sino por su capacidad de retirarse a tiempo y devolver el protagonismo a los venezolanos. La libertad no se administra desde afuera; se construye desde adentro.
La madrugada fue histórica. Pero no es el final de la historia. Es apenas el momento en que Venezuela queda frente al espejo mĆ”s difĆcil: demostrar que puede reconstruirse sin volver a necesitar un caudillo ni un tutor externo.




